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Extremoduro - Yo, Minoría Absoluta (2002)

 

Amados y odiados, venerados e incomprendidos. Algunos han continuado con ellos a cada paso que daban, otros les abandonarían en el camino, y otros pocos ni se molestarían en adentrarse en su mundo. Por todo ello y más, Extremoduro es sin duda un grupo especial, diferente y único dentro del rock cantado en castellano. La etiqueta de rock urbano, costra o calimochero que tanto daño ha hecho a la música de este país, puede haber supuesto una losa demasiado grande para ellos, pero al final cualquiera que se haya molestado en escuchar atentamente su discurso, habrá comprobado que están a millones de años luz de sus competidores (llámense Barricada, Platero y Tú o Marea).

 

Extremoduro ha sido, es y será siempre una formación que va a su bola, haciendo lo que les sale de lo más profundo de sus entrañas. Tal vez sea ese el secreto de porque atraen a tantísima gente y sin duda, su líder y principal compositor, Robe Iniesta, es la razón de tantos aplausos. Un tipo que es un mito casi indescifrable, puede que incluso para él mismo. Nunca ha cedido ni un milímetro, y su carrera se ha labrado únicamente por los pasos que el mismo dictaba. Daba igual que obtuviera un grandioso éxito comercial con su disco “Agila” que los encumbró en lo más alto del rock estatal, que años más tarde, después de más de un lustro sin sacar material nuevo, se desmarcase pillando a todo mundo a contrapié con “La Ley Innata”, un trabajo de solos seis canciones que componían un trabajo conceptual de tintes progresivos pero siempre con su sello personal. Por cosas como estas y muchas más son un grupo tan querido como defenestrado.

Pero podríamos hablar durante horas de toda la historia e idiosincrasia que rodea al grupo, así que pasemos a lo que hacemos aquí que es hablar de un trabajo tan redondo como es “Yo, Minoría Absoluta”. Tal vez, sus seguidores más acérrimos prefieran sus inicios más “destroyer” o alguno de los discos que hemos mencionado anteriormente, pero lo que no se puede discutir es que este álbum, que después le supuso a Robe un parón creativo de seis años, desprende la esencia del grupo por todos sus poros.

Lo que aquí encontramos es rock urbano unido con la poesía de un drogadicto salido de la Extremadura profunda con un talento innegable para escribir unas letras que de una manera u otra te calan muy hondo. Ya sea en disparos a bocajarro como “A Fuego” o “Puta”, donde no se andan como medias tintas, como en momentos  más sosegados pero que hacen incluso más daño, caso de “La Vereda De La Puerta De Atrás”, “Cerca Del Suelo” o la hermosa “Standby”. A ratos potentes y desgarradores, otros más melancólicos y oscuros, pero siempre arrebatadores.

 Y si alguien duda de su técnica a la hora de atacar sus instrumentos, solo tiene que prestar atención a la guitarra de Iñaki Uoho, uno de los principales culpables de que la banda haya mejorado tanto en los últimos discos. Amén de los arreglos que podemos descubrir en “Luce La Oscuridad” o “Menamoro”.

En definitiva, Extremoduro son un grupo único en su especie. Como decíamos al principio, los amarás o los odiarás, pero a ellos no les importa absolutamente, siempre van a su bola.

 

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